Desveló su identidad hace cuatro años. “Antes me tenía que desdoblar y ahora cada vez me voy pareciendo un poco más a mí mismo”. Hasta entonces y desde 2016 había sido Malacara, un personaje virtual que ponía a hablar “en andaluz” a Harry Potter y hacía los memes más descacharrantes y certeros de Internet. Ahora, gracias a la relevancia que alcanzó su creatividad, trabaja haciendo la comunicación de una gran empresa cuyo nombre no puede desvelar. En octubre, Lucas Melcón (Puerto Real, 35 años) fue portada de la revista The Sevillaner (una versión hispalense del clásico neoyorquino ilustrada por talentos andaluces) porque se ha convertido un representante posmoderno de una cultura, la meridional en general y la de su ciudad en concreto, que él y otros muchos de su generación han convertido en pura modernidad. Hoy, en su barrio de Sevilla, las señoras le paran para preguntarle si es un influencer y decirle que se presente a alcalde. “Te lo dicen de broma, aunque siempre te queda la duda: ‘¿Lo haré mejor yo?”.Más informaciónPregunta. Pero, ¿ha militado alguna vez?Respuesta. He trabajado como creativo en política. Y bueno, lo he hecho tanto en Andalucía como en campañas concretas de elecciones generales. No ha sido siempre con el mismo partido.P. ¿Con qué partido le costó más hacerlo?R. Eso no lo voy a decir, aunque sí que es lo mismo que trabajar para una empresa, donde muchas tienes que defender o escribir cosas en las que sabes que no estás cien por cien de acuerdo. Y sí que eso a veces como que me mosqueaba, escribiendo cosas que no sentía ni pensaba y que además sabía que no eran verdad. Bueno, eso forma parte de la profesión. P. Pero se supone que las empresas no intentan cambiar la opinión de la gente para influir en la cosa públicaR. Hay empresas que pueden llegar a tener algo muy parecido a una línea editorial.P. Lo que me recuerda que trabajó en Telefónica. Ahora que es freelance, ¿siente rencor hacia la cultura de las grandes corporaciones?R. Yo no tengo ningún resquemor hacia nadie ni nada, salvo quizá en un episodio de un trabajo que estaba muy mal pagado y me tenían ahí un montón de horas, y ahí fue cuando tomé la decisión de que no quería vivir más en Madrid. P. ¿Cómo así?R. Yo vivía en Sevilla, terminé la carrera e hice un máster, hice otro máster, hice otro máster. Estuve pegándole para adelante patás a la pelota para no enfrentarme al mundo laboral que me aterraba porque no existían o existían muy pocas oportunidades de lo mío. Entonces me fui a Madrid. Estuve trabajando en el CSIC, en ciencia, y aprendí mucho de mis compañeros, que eran muy buenos. Pero cuando se acabó el dinero se acabó la felicidad. Y Madrid es una ciudad que sin dinero puede llegar a pasarte como un rodillo por to lo arto.Lucas Melcón, en Sevilla.Alejandro RuesgaP. ¿Y ahora mejor?R. Yo he priorizado. Pues a lo mejor ganar un poco menos, pero vivir donde me gusta, en Sevilla. Mi ocio es barato y los sitios por los que me muevo son baratos. No vivo con austeridad, pero sí con tranquilidad. P. ¿Cree que hay esnobismo con los talentos que despegan gracias a las redes sociales?R. Hablas de un sentimiento que yo mismo he podido tener. Ahora lo que hago tiene un nombre concreto, lo llaman “creador de contenido” pero no hace más de dos años yo era “tuitero” y no me gustaba, me daba vergüenza. Hay una estatura de un director creativo o un guionista que un tuitero no tiene. Y a lo mejor yo si hago cosas en redes que en realidad son guiones con muchísima creatividad. Además que eso del tuitstar es una cosa tan de 2008, tan caduca. Queda tan lejos…P. ¿Le daría vergüenza admitir que algunos de los mejores momentos de su vida los ha pasado en Twitter?R. En absoluto, porque a ver, yo me lo he pasado muy bien en las redes. También me he dicho: “Hostia, qué coñazo”. Sobre todo cuando ya se empieza a profesionalizar. Esa parte ya me gusta menos, la de la obligación.P. ¿Cuál es la red social que le da más rabia?R. Linkedin. Es el paraíso de los cretinos. Ahí la gente solo habla para decir lo bien que le va, nadie tiene dudas de nada. P. ¿Fue difícil decidir si quedarse en X cuando llegó Elon Musk?R. No. No podemos abandonar constantemente los espacios que ganan los malos con su pasta, porque la pasta siempre la van a tener ellos. Y estos espacios tienen sus cosas malas pero también buenas. Irse me parece que lleva a un proceso de bunkerización. Y al final yo cada vez que digo algo ahí, llega a muchísimas personas.P. Cada vez opina menos de política. Sin embargo, el otro día dijo eso de “Qué casualidad que el enemigo siempre tiene petróleo”. ¿Cómo sabe cuándo se tiene que posicionar moralmente con algo?R. Me posiciono cuando creo que de verdad tengo razón.P. ¿Si le pido que me diga algo sobre el blackface de Juanma Moreno?R. Es que me da mucha pereza. Yo qué sé, yo no lo entiendo. Si los negros dicen que eso es racista, pues será racista. Y si ya lo han dicho, no una vez, sino 75 millones de veces, pues igual el presidente debería no hacerlo. Pero bueno, que lo de Venezuela lo puse y al rato me arrepentí. Porque digo: ¿por qué tengo que opinar de esto? ¿Por qué todos tenemos que opinar de todo? Cada vez que Ayuso abre la boca, 75 millones de personas me están poniendo que opine. ¡Dont feed the troll! Yo simplemente prefiero el vacío. Hay un cierto consejero de salud al que no le dedico fantásticos memes comiendo croquetas desde hace un año porque he considerado que después de la barbaridad de los cribados de la Junta era lo mejor. Ya no le doy bola. Ese es un arma con la que yo puedo jugar, dar o no dar bola.P. Usted forma parte de esa corriente actual que reivindica escribir el andaluz como suena. ¿Se considera nacionalista?R. No me considero nacionalista, pero es verdad que aquí los que han sabido darle la vuelta a la tosta son los que tienen partidos nacionalistas que velan por sus intereses. Tú vete a Bilbao: ¿cuántas autopistas hay? Si aquí para hacer un puente horroroso, contra el que están todas las asociaciones de ecologistas porque está en el inicio de Doñana, se han tardado 15 años. Y no soy independentista, mi padre es de Bilbao y su familia ha vivido los estragos del nacionalismo en Euskadi y además no era una familia que no era de ocho apellidos precisamente.P. ¿Si montase su partido sería andalucista?R. Por supuesto, porque es la única forma de defender los intereses de las clases populares de mi tierra. Y los demás que hagan, ya lo llevan haciendo 40 años, lo que quieran. P. Usted no es de Sevilla aunque ama su ciudad con locura. Si tuviese que desmontar el estereotipo del capillita, ¿qué me diría?R. Te sorprendería la cantidad de gente de izquierda y medio hippie que va a las cofradías a ver la Semana Santa. Sevilla es una ciudad muy poliédrica. Siendo tan tradicional, también es capaz de albergar realidades y personajes que conviven con cierta armonía en una comunidad que a lo mejor en otros sitios no sería posible o habría una fricción que desataría a lo mejor una mayor violencia. Ese arquetipo al que te refieres, que yo entiendo que es con un fachaleco, unas patillas, unos náuticos, unos pantalones siempre en tonos verdes y color camel. Te sorprendería cómo algunas personas que se visten como ese personaje, luego en realidad no piensan como lo que tú les atribuirías en un primer momento. P. ¿Y usted cuando llega la Semana Santa siente más devoción o mala hostia?R. Yo siento más devoción porque aunque evidentemente la profundidad cristiana de la Semana Santa es innegable, veo otras cosas también. Tú ves las caras y son caras que también puedes ver en Chipre o en el norte de Marruecos. Son caras que puedes ver en Italia, son caras mediterráneas que bueno, sí, aquí se reúnen en torno a un Cristo, pero yo veo la emoción de un pueblo mediterráneo que tiene muchas cosas en común, muchas más de las que se cree. P. He leído que para este año usted habría querido un millón de euros. ¿Para qué?R. Para comprarme una casa en Sanlúcar de Barrameda, cerca de una bodega de Manzanilla, y eso es lo que haría. Viví cerca de la desembocadura del Guadalquiví.

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