
Hay personas que sufren diabetes, han tenido un herpes zóster o tienen una lesión medular que padecen un dolor crónico, producto del mal funcionamiento del sistema nervioso, muy difícil de tratar. Ese dolor, conocido como neuropático, no suele encontrar alivio en los medicamentos convencionales y eso ha hecho que se busquen alternativas. Los productos derivados del cánnabis se han convertido en una de ellas y su popularidad y presencia en los medios y en el mercado es cada vez mayor. Sin embargo, una revisión de estudios publicada este lunes en la Biblioteca Cochrane concluye que no existen pruebas sólidas que respalden el uso de medicamentos basados en cánnabis, incluida la hierba fumada, para el alivio del dolor neuropático. Esta misma falta de evidencia había sido señalada por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), que no avala el uso del cannabis para tratar el dolor crónico, aunque tampoco advierte contra su utilización. Sí lo desaconseja, en cambio, el grupo de dolor neuropático de la IASP. No obstante, hay guías clínicas que consideran el cannabis como tercera o cuarta opción cuando otros tratamientos han fallado. Los autores del trabajo, liderado por Winfried Häuser, de la Universidad Técnica de Munich y el Centro Médico de Medicina del Dolor y Salud Mental en Sarrebruck (Alemania), hablan de cómo el cannabis se promueve cada vez más en los medios como un tratamiento para el dolor crónico a través de historias de éxito individuales. Historias que contrastan con la evidencia científica, que ofrece mucha incertidumbre y poca certeza.Ancor Serrano, especialista en tratamiento del dolor del Hospital Universitario de Bellvitge, que no ha participado en esta revisión, pero realizó una en 2022, coincide en que existe mucha confusión entre cómo se vende el potencial del cannabis y la complejidad de este tipo de moléculas y del dolor. “No es lo mismo el dolor agudo que el crónico, ni el somático que el visceral o el neuropático”, apunta. “Y luego, las dos moléculas del cannabis, el THC y el CBD, cuando se emplean para tratar el dolor, se tienen que utilizar en una combinación adecuada para cada paciente individual”, continúa.Por separado, “el CBD no atraviesa la barrera hematoencefálica [que funciona como un filtro protector para el cerebro, impidiendo que pasen sustancias dañinas de la sangre mientras permite el paso de nutrientes] y no tiene efectos psicotrópicos, por eso los productos de CBD se venden libremente”, apunta Serrano. “El problema es que al no atravesar esa barrera, no va a los nervios y no tiene propiedades analgésicas”, remacha. Los resultados del equipo de Häuser coinciden en este diagnóstico.En segundo lugar, para los productos en los que domina el THC, la revisión no encontró una evidencia clara de que alivie el dolor de forma sustancial o de que los pacientes noten una mejoría global significativa. Como aspecto positivo, no se encontraron efectos adversos importantes en los tratamientos, aunque sí se vieron algunos moderados por mareos o somnolencia. En ambos casos, la certeza sobre la evidencia que ofrecían los resultados era baja.Los resultados son algo mejores en los que combinan el THC y el CBD, como el espray Sativex, que se utiliza en esclerosis múltiple para tratar la rigidez muscular. La combinación no muestra un beneficio sustancial claro para las personas con dolor neuropático. Es posible que contribuya a aumentar ligeramente el número de personas que alcanzan un alivio moderado y perciben una mejoría global, pero el efecto es tan pequeño que no hace que su uso sea recomendable.Modesto e incierto Los resultados no quieren decir que el cannabis no funcione para nadie, sino que, cuando se miran los resultados globales de los estudios científicos, los beneficios demostrados, en el mejor de los casos, son modestos e inciertos, y no superan claramente los riesgos conocidos. Además, hay que tener en cuenta que el dolor neuropático es muy difícil de tratar con cualquier tipo de medicamento. Los más exitosos, antidepresivos y antiepilépticos, solo consiguen mejorar los efectos del placebo para entre un 10% y un 25% de los pacientes. Desde el Observatorio Español del Cannabis Medicinal señalan que el trabajo es “interesante”, pero consideran que los ensayos clínicos “han empleado tamaños muestrales bastante reducidos y medidas de síntomas aislados”. En ensayos clínicos observacionales —que son más propensos a los sesgos y no sirven para establecer causalidad—, “que implican el seguimiento de centenares de miles de pacientes que, generalmente, emplean el cannabis, no para tratar un síntoma concreto, sino para mejorar su calidad general de vida, tratando muy diversos síntomas de forma conjunta, los resultados obtenidos suelen ser bastante más positivos”, afirman.Los autores de la revisión que se publica este lunes critican las deficiencias de la investigación de la utilidad del cannabis frene al dolor neuropático. Estudios con pocos pacientes, que no cumplían los estándares de calidad para tomarse en serio sus resultados o que eran demasiado cortos. Solo cuatro de los 21 estudios incluidos, por ejemplo, duraron al menos 12 semanas, que es el tiempo mínimo recomendado por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, de sus siglas en inglés) para excluir que los efectos sobre el dolor son transitorios.Para superar estas limitaciones, se recomienda, entre otras cosas, realizar estudios a mayor escala, con más pacientes o que hagan comparaciones directas entre el cannabis y fármacos que ahora son estándar en el tratamiento del dolor neuropático, como la duxoletina o la pregabalina, además de con el placebo, para evaluar bien su utilidad.Serrano lamenta que la confusión entre tipos de dolor y de aplicaciones de derivados del cannabis y los crecientes intereses comerciales en torno a estos productos (el volumen del mercado mundial de cannabis ya supera los 40.000 millones de dólares) dificulten discernir qué puede ser útil y para qué. “Se ha visto, por ejemplo, que las combinaciones de THC y CBD funcionan para algunos tipos de dolor, pero solo el inhalado vaporizado, no el fumado, ni el oral, ni la crema. Todo esto dificulta mucho la prescripción”, dice. “Las exigencias de las agencias regulatorias son cada vez mayores para realizar ensayos con fármacos y, teniendo en cuenta, por ejemplo, que el CBD es de venta libre, para qué vas a gastarte mil millones en un ensayo si con una campaña de publicidad mucho más barata vas a vender igual”, opina. “Eso hace que se financien estudios de poca calidad o pseudoestudios que añaden más confusión”, concluye.
Una popularidad sin pruebas: el uso del cannabis para tratar un tipo de dolor crónico carece de evidencia científica | Salud y bienestar
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