Un Donald Trump más envalentonado que nunca, y con intenciones abiertamente más imperialistas de lo admitido antes, partirá este miércoles hacia el Foro de Davos para reunirse con los líderes atlánticos, en una cumbre que se perfila como clave para el futuro no solo de Groenlandia, sino de toda la OTAN. El republicano, cuyo vuelo se ha retrasado por un problema eléctrico en su avión Air Force One, no parece dispuesto a contemporizar ni a ceder en sus ambiciones de anexionarse la isla ártica, territorio soberano del Reino de Dinamarca. Tampoco a sus aspiraciones de convertirse en el árbitro mundial. “No hay vuelta atrás”, había advertido antes del primer despegue frustrado. Y, en su rueda de prensa para conmemorar el primer aniversario de su mandato, antes de emprender vuelo, respondía “ya lo veréis” cuando se le preguntaba hasta dónde estaba dispuesto a llegar para hacerse con Groenlandia.El presidente estadounidense se muestra estos días más desinhibido que nunca sobre sus aspiraciones globales. Y cada vez de manera más sonora. O más petulante, según quién opine. “Paz mediante la fuerza”, proclama, haciendo suyo el lema que definió la política exterior del republicano Ronald Reagan en los años ochenta.Este fin de semana ha anunciado la composición de la llamada Junta de Paz para Gaza ―y más allá― a la que ha invitado a formar parte al ruso Vladímir Putin, donde solo él tendrá derecho a veto y que los europeos temen que quiera hacer la competencia a Naciones Unidas en otras crisis futuras. Para contar con un asiento permanente, los países aspirantes tendrán que desembolsar 1.000 millones de dólares (unos 850 millones de euros), que él gestionará, según medios estadounidenses. La Casa Blanca asegura que esa contribución es voluntaria. “Acabamos de crear la Junta de Paz, que va a ser maravillosa. Ojalá Naciones Unidas pudiera hacer más. Ojalá no necesitáramos una Junta de Paz. Pero Naciones Unidas nunca me ayudó a resolver ninguna de las guerras que he solucionado. Tampoco les culpo. Nunca les pedí ayuda”, declaró en su rueda de prensa de este martes. Acerca de la posibilidad de que esta entidad compita con la ONU, reconocía que “podría” reemplazarla, aunque también apuntó que Naciones Unidas tiene un “gran potencial”.Trump ha invitado a decenas de líderes a integrar la Junta de la Paz, entre ellos el presidente ruso, Vladímir Putin; el argentino, Javier Milei; o el turco, Recep Tayyip Erdogan. Otros han declinado la oferta, como el francés Emmanuel Macron, y Trump como respuesta ha amenazado con aranceles del 200% contra los vinos franceses. La tendencia más agresiva en el hacer y el decir de Trump ha ido a más de modo exponencial desde la operación militar estadounidense en Venezuela del 3 de enero, que se saldó con un éxito superior incluso a lo esperado en la Casa Blanca: el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados por los soldados de EE UU y no hubo ninguna baja entre las filas norteamericanas, en una intervención que el republicano describió como “uno de los despliegues más asombrosos, efectivos y potentes del poderío y confianza militar de Estados Unidos en la Historia”. Aquel resultado se ha sumado al obtenido siete meses antes en el bombardeo de objetivos nucleares en Irán, donde tampoco hubo bajas estadounidenses, para convencer al inquilino de la Casa Blanca de que las tropas de su país son invencibles y que él -como ha declarado a The New York Times- no tiene más límites que los que le imponga su propia conciencia. Por primera vez en más de un siglo, se plantea la posibilidad de que Estados Unidos conquiste por la fuerza un territorio. Y no un territorio cualquiera, sino uno de Dinamarca, uno de sus aliados más decididos, y donde tiene las puertas abiertas para aumentar su presencia militar tanto como quiera o la cooperación económica.Una mujer protesta con la bandera de Groenlandia frente al consulado de Estados Unidos en Nuuk, la capital de la isla árticaEvgeniy Maloletka (AP)Si su conciencia le recomendaba hasta ahora apostar por la paz, con la esperanza interesada de lograr el Nobel, ya tampoco cuenta con esa inhibición. El sábado anunció aranceles hasta del 25% contra las ocho naciones que enviaron pequeños contingentes militares a Groenlandia para participar en maniobras de protección a la isla. Eso, pese a que él mismo sostiene que necesita controlar el territorio, por las buenas o por las malas, para evitar que lo acaben haciendo Rusia o China.El mensaje con el que respondió a la propuesta de una conversación telefónica del primer ministro noruego, Jonas Gahr Store, no podía ser más descarnado: al no haber recibido el galardón -algo de lo que responsabilizaba al Gobierno en Oslo, aunque es el comité Nobel, independiente, el que decide el ganador-, ya no se siente obligado a “pensar únicamente en la paz” sobre Groenlandia. “Ahora puedo pensar en lo que es bueno y adecuado para los Estados Unidos de América”, declaró. En otras palabras: guantes fuera.Y cómo. Veinticuatro horas después, declaró desde el avión Air Force One que “no hay vuelta atrás” en sus ambiciones sobre Groenlandia, que declara que conseguirá sea por las buenas o por las malas. Y en un frenesí de mensajes en su red social enviados en plena madrugada, filtró capturas de pantalla con mensajes que había recibido de líderes europeos: el secretario general de la OTAN, Mark Rute, y el presidente francés, Emmanuel Macron. Ambos le invitaban a rebajar las tensiones y a dialogar.Donald Trump en su rueda de prensa de este martes en la Casa BlancaNathan Howard (REUTERS)También publicó dos montajes fotográficos generados con inteligencia artificial (IA) en los que se atribuye una conquista de la isla ártica y expande la propiedad estadounidense también a los territorios de los Estados soberanos de Canadá y Venezuela. Trump se muestra convencido de que, por mucho que los europeos protesten ahora, acabarán hincando la rodilla. Bien ante la presión económica que cree que puede imponer, o bien ante la perspectiva de una acción militar -algo que parecía impensable hace pocas semanas-. Pero la intervención en Venezuela ha demostrado que al republicano no le tiembla el pulso para aprobar el uso de la fuerza. “No creo que vayan a imponer mucha resistencia”, declaró el presidente estadounidense a los periodistas a bordo del Air Force One. “Necesitamos tenerla (a Groenlandia). Tenemos que hacerlo. Ellos (Dinamarca) no pueden protegerla”.No es un sentimiento nuevo. Trump ya coqueteó con la idea de comprar la isla ártica durante su primer mandato. Pero entonces su equipo de Seguridad Nacional no le siguió la corriente, y la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, no llegó a pensar que la propuesta fuera en serio. Esta vez, sus asesores, seleccionados por su lealtad ciega a cuanto diga el presidente, cierran filas en torno a él. El Departamento de Estado proclama en redes sociales que “este es NUESTRO hemisferio”. Y este martes, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, rechazó como una “falsa narrativa” la sugerencia de que Europa podría contestar a las amenazas estadounidenses con medidas contundentes como la venta de bonos del Tesoro estadounidenses, que podrían crear un caos en los mercados similar al desatado después de que Trump anunciara el pasado 1 de abril aranceles generalizados. Aquella situación acabó obligando al presidente estadounidense a recular en cuestión de días. “Han pasado 48 horas, siéntense y relájense”, instó Bessent desde Davos. “Tengo confianza en que los líderes no van a lanzar una escalada, y que esto se acabará solucionando. Como dije en abril, lo peor que pueden hacer los líderes es lanzar una escalada (de medidas de castigo)”. El representante de Comercio Exterior, Jamieson Greer, se pronunció de modo similar: es “posible” que las amenazas de aranceles “sienten las bases” para una negociación sobre Groenlandia, apuntó. Pero, mientras tanto, Trump volvió a lanzar una carga de profundidad. En su red social, Truth, retuiteó un comentario en el que se leía: “Pintamos a China y Rusia como el hombre del saco, cuando la verdadera amenaza la representan la ONU, la OTAN y (el Islam)”.

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