Es la pregunta con la que inicio cada vez que doy la materia a jóvenes de la Escuela de Empresariales de 8vo y 9no semestre de la Universidad Panamericana campus México. Un sinfín de respuestas son las que dan, pero la mayoría coincide en algo: es actuar de buena forma. En una sociedad  que vive buscando atajos, desempeñarse con ética profesional en el trabajo y en la vida misma, nos hará personas virtuosas que se distingan de la mayoría.

En esta época en la que pedirle soluciones a los modelos de lenguaje de inteligencia artificial nos lleva cuestión de segundos; a una app que nos haga pasar como expertos arreglando una foto o video unos minutos, y podríamos seguir con otros “hacks” que tienen en común el saltarse los procesos, el no aprender a fondo durante el desarrollo y solo disfrutar del resultado, hace que vivamos un mundo automatizado y de apariencias, alejado de la realidad.

A lo largo de mis 11 años como profesor universitario, he visto a través del Índice de Transparencia Internacional cómo nuestro país navega en el mar de la corrupción, a veces de forma tormentosa, otras veces con cielo nublado pero no le ha tocado ver el sol. Con base en su estudio anual de percepción, dicho ranking ha situado a México en los últimos lugares a nivel mundial. Estas estadísticas y noticias que ocurren en el entorno nos desmoralizan, ¿por qué ser ético en un contexto gris?

Mi respuesta sería: atrévete a ser diferente, genera un cambio desde tu entorno, actúa conforme a la recta razón y busca el bien común. Claro, estas ideas pueden leerse muy románticas y en la ejecución puede ser complicado cuando hay dinero, ascensos, acuerdos y otros intereses de por medio. Pensemos en la historia de David contra Goliat, que nos recuerda que con fe y valentía, podemos salir adelante de las adversidades y retos.

Haciendo un paralelismo, Goliat representa a la cultura de la corrupción, la que dice “las cosas son así y no hay de otra forma”. Nos intimida por su tamaño, por su fuerza y porque parece invencible. Cada futuro profesionista -o los que ya estamos consolidados-, como David, tenemos a un rey Saúl que nos cuida(familia, amigos, profesores) y que busca darnos una “armadura”. Como el pequeño pastor, debemos rechazarla, ir con nuestra piedra(ética) y resortera (valores y principios) para vencerla.

La historia nos recuerda que en un mundo de falsas apariencias y de filtros, ganamos los que somos auténticos, los que somos originales y vamos en contra de la marea. Puedes pedirle ideas a tu chat de inteligencia artificial favorito, pero no copiar; puedes utilizar adjetivos rimbombantes en tu CV o entrevista, pero no mentir; puede ser que a ese proyecto importante algo le faltó, pero fue fruto de tu esfuerzo. La ética no se reduce a una visión de “ser bueno”, sino de una persona que tiene el valor y vence a la tentación de la salida fácil.

En la era de la ilustración, François-Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire dijo esta frase que siempre trato de transmitir a manera de examen de conciencia de cada día “no hay mejor almohada, que una conciencia tranquila”. Luego de 248 años, este pensamiento nos recuerda que cuando eres una persona íntegra, nos convertimos en un ejemplo de confianza para los demás. Siempre habrá alguien que opte por hacer “tranzas” o “arreglos en los oscurito”, pero la realidad tarde que temprano los alcanzará.

A mis alumnos del pasado, a los de hoy y a los que conoceré en un futuro, los invito a pensar en su gimnasio o estudio favorito, ¿cómo van a levantar determinado peso y generar músculo paulatinamente? Con constancia y determinación. Así pasa con la ética, carguemos la pesa de la honestidad, la de la transparencia y la de pensar en el bienestar de la comunidad para que cuando tomen decisiones pequeñas o grandes en su vida profesional, sepan decir “no” aunque una mayoría diga “sí”, venzan la presión, ¡somos libres!



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