Quizás usted no recuerde en qué momento de su vida empezó a escoger cómo vestirse. Para otras personas, en cambio, ese gesto mínimo –ponerse una prenda– se convierte en el inicio de una forma de existir. Carol Yisell Poveda, representante del colectivo trans Las Tupanas, lo resume así: “Para nosotras, ese momento de empezar a escoger cómo vernos es muy reivindicativo, porque es la construcción de nuestra identidad”.Carol Yissel Poveda con su ‘outfit’ el día del desfile Foto:Alberto JiménezPero, contrario a lo que se dice, para Carol ese proceso nunca fue el de sentirse en el cuerpo ‘equivocado’. “Nací en el cuerpo de una persona trans y eso soy. Mi cuerpa no está equivocada, todas los cuerpas son diferentes y la mía es la de una mujer trans”, relata.Y es que la idea de que las personas trans “nacen en cuerpos equivocados”, dice Carol, ha sido una de las justificaciones que durante años ha sostenido la exclusión y la violencia que han vivido, incluso por parte de instituciones del Estado como la Policía. LEA TAMBIÉN Con esa reflexión como punto de partida, y tras meses de conversaciones sobre sus vidas, sus transiciones y sus experiencias, estudiantes y profesores de Diseño de Moda de la Universidad Ecci, junto con el colectivo Las Tupanas –que en lengua ticuna significa “diosas amazónicas”–, impulsaron el proyecto Cuerpas: una iniciativa artística y académica que transformó uniformes en desuso de la Policía en prendas experimentales, presentadas en un desfile a finales del año pasado. Allí se encontraron de nuevo las mal llamadas ‘travestis’ y los policías, pero no como rivales: unas eran modelos y otros, espectadores.El vínculo entre la universidad y Las Tupanas surgió de forma espontánea. Liliana Benavides, diseñadora de modas, profesora de la Ecci y líder del proyecto, las conoció cuando en la universidad buscaban nuevas voces de invitados en el pódcast Descosiendo, para coser.Unos  20 estudiantes, profesores, mujeres trans del colectivo Las Tupanas, y policías participaron. Foto:Archivo particularEn ese episodio, al hablar de referentes trans como la brasileña Valentina Sampaio, la diseñadora mexicana María Ponce y la mujer embera trans Roxana Panchi –quien trabaja con la diseñadora bogotana Laura Laurens–, Juanita, una de las integrantes del colectivo, dijo que para ellas la moda había aparecido como un horizonte de vida posible, distinto a la prostitución. Ese interés ya venía tomando forma. En el último año, el colectivo tomó talleres de moda sostenible y creó su propia línea de costura, Hilos de Inclusión. LEA TAMBIÉN Luego de varios días tras la grabación, a Benavides le surgió la inquietud de construir un proyecto de moda circular junto a las chicas. Lo habló con colegas y con ellas mismas, y así tomó forma una posibilidad: reutilizar retazos y uniformes policiales viejos como materia prima.La decisión no fue casual. En los relatos de Las Tupanas, la relación con la Policía aparecía de manera recurrente como foco de tensión en su vida cotidiana. “Se me hizo muy reivindicativo que, desde la Policía –como esa entidad que, en ocasiones, nos ha segregado–, nosotras pudiéramos vestir esas prendas y transformarlas en algo que reivindica a las personas trans. Lo más duro también fue dejar a un lado esas rencillas que se han creado en nosotras; aunque hoy, la verdad, podemos decir que la institución se ha transformado”, cuenta Carol.Las chicas trans del Amazonas empezaron a reunirse en un colectivo en BogotáPrimero se sentaron a hablar, a contar historias de ellas y de sus compañeras: mujeres trans del Amazonas que llegaron a Bogotá buscando un lugar donde podían ser quienes querían. Sin trabajo, sin estudios superiores, con experiencia en casas de familia, como estilistas e invalidadas en muchas ocasiones por sus familias, se sumergieron en las calles del barrio Santa Fe y encontraron la salida que saltaba a la vista: el trabajo sexual.“Yo ya estaba en el Santa Fe cuando ellas llegaron y vi que muchos querían manosearlas, utilizarlas… no las veían como personas”, cuenta Carol. También recuerda que, en muchas ocasiones, los policías se les acercaban únicamente para pedirles la cédula y verificar si en el documento figuraba una F o una M en el campo de ‘sexo’, sin siquiera revisar antecedentes. Luego venían las burlas por su forma de vestir o insultos.Estudiantes de Diseño de Moda de la U. Ecci en el proceso de creación. Foto:Archivo particularFue entonces cuando ella, que trabajaba en proyectos con la Secretaría de Integración Social de Bogotá, las escuchó, hace casi cinco años. Su rol fue un puente para que hicieran el cambio de nombre en sus cédulas y juntas crearon un espacio donde podían encontrarse y construir identidad más allá del trabajo sexual.Empezaron a organizar danzas indígenas y luego siguieron con la confección de vestidos: una forma en la que sintieron que los demás dejaban de percibirlas solamente como cuerpos extraños que podían usar. “Sin decir que el trabajo sexual es indigno, porque no es así, porque cada una puede ejercerlo si así lo quiere, cuando quiera y con quien quiera… pero el hecho es tener opciones de vida”, señala la representante del colectivo.Detalles del proceso de diseñoCarolina Gómez, otra de las chicas de Las Tupanas que participó en el proyecto. Foto:Alberto JiménezAsí se desarrolló la primera parte del proyecto, a cargo del semillero Tematikario, dirigido por el profesor Edilberto Santana y enfocado en la investigación de tendencias. A través de herramientas como WGSN, coolhunting y observación de calle, y después de conocer las historias de Las Tupanas, el equipo identificó una línea l que dialogaba con los procesos de identidad y transformación. De allí surgió ‘Orquídea salvaje’, elegida por su conexión con el Amazonas y el simbolismo de cambio, resiliencia y diversidad.“Tuvimos varios encuentros en los que les hicimos unas preguntas, cómo se sentían, cuáles eran sus sueños, qué tipo de vestido les gustaría haberse puesto, cómo fue su transición, qué fue lo más que le costó…”, detalla la profesora Benavides.A partir de ahí surgió la segunda etapa del proyecto, a cargo del semillero de Bitácora, liderado por la profesora Paola Rodríguez. Con entrevistas profundas con cada participante, el equipo construyó propuestas de diseño que tradujeron relatos en siluetas. Se trató, sobre todo, de establecer vínculos que permitieran que cada propuesta hablara desde la historia de quien la vestiría.Muchas veces se les tilda a ellos también de ser agresivos, aun sin conocerlosLiliana BenavidesProfesora de la Universidad ECCILa etapa final estuvo a cargo del semillero de producción experimental, dirigido por Benavides. Allí, el proyecto se materializó. De la docena de integrantes de Las Tupanas, tres participaron en la iniciativa.El primer diseño, de Carol Poveda, fue un vestido de dos piezas con base oscura: un corsé azul noche de corte en punta y una falda amplia de color negro, inspirado en su sueño de vestir como quinceañera. La propuesta se completó con una capa drapeada translúcida verde claro que envolvía su cuerpo.La pieza de Alexan Macedo combinó tonos verde oliva y crema en una estructura vanguardista que fusionó la estética militar con formas florales. Broches estratégicos permitían elevar la prenda hasta cubrir el rostro (como un capullo) y luego abrirla, lo que mostraba crecimiento personal. Y el diseño de Carolina Gómez presentó un corsé de estructura geométrica en distintos tonos de azul, integrado a una capa blanca que la modelo sostenía para crear el efecto de alas desplegadas.La confección de las prendas también rompió con esquemas tradicionales. Foto:Archivo particularEl proceso –cuenta Benavides– cuestionó los métodos tradicionales del diseño de vestuario: en lugar de partir de un plano, las prendas se construyeron directamente sobre las modelos, explorando formas, texturas y técnicas. El diálogo permitió que los diseños respondieran a cuerpos diversos, atravesados por cambios constantes. El mayor reto, coinciden los tres profes y los 20 estudiantes que conforman los semilleros, fue precisamente trabajar con las cuerpas: “El aprendizaje fue mayúsculo porque al final uno se da cuenta de que no existe una silueta perfecta”, resume la docente.La alianza con la Policía exigió permisos y un acuerdo ético: los uniformes serían deconstruidos y reutilizados sin escudos ni insignias, para evitar banalizaciones. Desde el inicio del proyecto –cuenta Benavides– la institución colaboró, aportando camisetas y otros insumos cuando fue necesario. “Pensamos, su forma de colaborar puede ser donando”, indica.La profesora relata que miembros de la institución policial visitaron la universidad y vieron el proyecto. El objetivo, en gran medida, también era sensibilizarlos con las historias de resiliencia que contaban las prendas. El acercamiento implicó desmontar prejuicios de lado y lado. “Muchas veces se les tilda a ellos también de ser agresivos, aun sin conocerlos”, resaltó Benavides. La intención era resignificar dos mundos que aparentemente chocan.El sueño de algunas Tupanas de usar un vestido, desfilar y ser ellas mismas se cumplió en un escenario que, de otra forma, habría sido improbable. En ese cruce inesperado, la moda fue ese lugar donde “unos y otros” ya no se vieron como enemigos, sino como partes de un mismo relato de reconciliación.Paula Valentina RodríguezRedacción EL TIEMPO paurod@eltiempo.comMás noticias en EL TIEMPOBuscando una #BuenaNoticia en Cali | El Tiempo Foto:

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