
Dos siglos después de su descubrimiento, la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente, el párkinson, no tiene aún ni cura ni causa conocida. Lo mismo sucede con la primera, el alzhéimer; y juntas amenazan con una crisis sanitaria sin precedentes debido a que su incidencia puede duplicarse en las próximas décadas debido al envejecimiento de la población.Este miércoles se publica un estudio que podría ayudar a entender mejor qué sucede dentro del cerebro de una persona con párkinson y, en un futuro, mejorar la efectividad de los tratamientos actuales. Los resultados se publican este miércoles en la prestigiosa revista científica Nature.En 1817, el médico, geólogo y polemista británico James Parkinson definió esta dolencia tras la observación de tres de sus pacientes y otros afectados que caminaban con dificultades por las calles de Londres. Posteriormente, se supo que por causas no del todo claras se mueren las neuronas en una zona del cerebro conocida como sustancia nigra, —esenciales para producir dopamina y generar el movimiento del cuerpo—, y que de ahí se desprenden los principales síntomas: temblores involuntarios, rigidez corporal, pero también depresión, ansiedad, insomnio y una mayor propensión a las infecciones. La genética explica solo una parte de los casos. El resto pueden deberse a una compleja interacción de factores, desde agentes tóxicos como pesticidas, a infecciones virales y problemas en la conexión intestino-cerebro.El nuevo estudio identifica una red cerebral —la red de acción somato-cognitiva (SCAN, por sus siglas en inglés), descrita en 2023 por los mismos responsables del trabajo conocido este miércoles— cuya actividad aparece alterada de forma característica en personas con párkinson. Esta red conecta regiones profundas del cerebro, como los ganglios basales y el tálamo, con áreas de la corteza implicadas no solo en el movimiento, sino también en la atención, la percepción corporal y la planificación de acciones. Los responsables del trabajo, dirigido por investigadores de Estados Unidos y China, han estudiado datos de 863 pacientes con párkinson y otras enfermedades neurológicas como el temblor esencial y la esclerosis lateral amiotrófica, así como a controles sanos. Mediante el análisis de resonancias funcionales en reposo, los autores observaron que los pacientes con párkinson presentan una hiperconectividad anómala entre la red SCAN y estructuras de la corteza relacionadas con la dopamina, un patrón que no aparece en otros trastornos neurológicos. El estudio analizó la efectividad de los principales tratamientos disponibles, principalmente el fármaco levodopa, pero también otras intervenciones más novedosas como la estimulación cerebral profunda, que requiere implantar electrodos en el cerebro, y dos técnicas no invasivas: la estimulación magnética transcraneal y los ultrasonidos focalizados de alta intensidad, que queman y desactivan selectivamente zonas del cerebro implicadas en los movimientos involuntarios de los pacientes.Los resultados muestran que los tratamientos efectivos reducen la hiperconectividad de la red SCAN con la corteza cerebral. Los médicos observaron mejores resultados si dirigían selectivamente los pulsos magnéticos y los ultrasonidos a los nodos de la red cerebral SCAN. Dirigir los tratamientos mencionados a partes de esta red podría mejorar su efectividad, concluyen los autores del estudio. Estos hallazgos respaldan una visión pujante del párkinson como una enfermedad que afecta a redes cerebrales complejas, lo que ayuda a explicar por qué muchos pacientes presentan síntomas no motores —alteraciones del sueño, problemas cognitivos, fatiga— incluso antes de que aparezcan los temblores o la rigidez. De esta forma, el párkinson no sería solo una enfermedad cerebral del movimiento, sino un trastorno de las conexiones cerebrales involucradas tanto en el pensamiento y la planificación como en el movimiento, sobre todo la red SCAN.“Es un trabajo interesante y robusto que nos ayuda a entender cómo el cerebro está funcionando mal en estas patologías”, opina Álvaro Sánchez Ferro, portavoz de la Sociedad Española de Neurología. “Aunque las conclusiones no son tan novedosas, es cierto que hasta ahora la investigación se había centrado más en los núcleos cerebrales donde están las neuronas que generan el movimiento, la cognición y las emociones; y se habían dejado algo más desatendidas las redes neurales que conectan estos centros”, detalla el neurólogo del Hospital 12 de Octubre de Madrid, que no ha participado en el estudio. Por ahora, el trabajo “no tiene traslación posible” a los enfermos de manera directa, advierte el Sánchez Ferro. Antes de eso, habrá que realizar ensayos clínicos para confirmar los resultados. También es un reto incluir este tipo de análisis en la práctica clínica habitual, pues este tipo de redes neurales no se analizan de forma rutinaria en los centros hospitalarios, añade. En cualquier caso, es un paso para la posible mejora de la precisión de ciertos tratamientos no invasivos. El trabajo, concluye el neurólogo, no aclara las causas de la enfermedad: “Es como si llegamos a una escena del crimen. Vemos todo lleno de sangre, pero no sabemos quién o quiénes son los asesinos”.
El hallazgo de una red cerebral que conecta cuerpo y mente apunta hacia mejores tratamientos contra el párkinson | Ciencia
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