El director húngaro Béla Tarr, autor muy reconocido entre los cinéfilos y creador de filmes como Sátántangó, Las armonías de Werckmeister o El caballo de Turín, ha fallecido en Budapest a los 70 años tras una larga enfermedad, según informó el realizador Bence Fliegauf a la agencia de noticias local MTI, en nombre de la familia del artista. Más informaciónTarr realizó 11 largometrajes cinematográficos a lo largo de sus cuatro décadas de carrera, desde su debut en 1979 con Családi tüzfészek hasta su último filme, Missing People, en 2019. Actualmente se planteaba pasarse a las videoinstalaciones y seguir desarrollando allí su impulso creativo.Sin Béla Tarr es imposible entender el cine de autor más radical del último medio siglo. De él han bebido multitud de creadores, desde el portugués Pedro Costa hasta el tailandés Apichatpong Weerasethakul, Palma de oro en Cannes, Gus Van Sant (que rodó, siguiendo sus enseñanzas, Gerry) o László Nemes, el último húngaro que ha concursado en el festival francés con la rompedora El hijo de Saúl: Nemes fue ayudante de Tarr en El hombre de Londres. Durante años impartió un prestigioso curso de cine en la Escuela de Sarajevo, del que fue alumna, entre otros, la española Pilar Palomero.La obra probablemente más conocida de Tarr, Sátántangó (El tango de Satanás), retrata a lo largo de siete horas y media, en blanco y negro, el derrumbe del comunismo en Europa del Este a través del fresco de un pueblo desolado de la campiña húngara. La película adaptó en 1994 la novela homónima del último Nobel de Literatura, László Krasznahorkai, colaborador habitual de los proyectos de Tarr. Esa simbiosis creativa surgió de un impulso (como siempre hizo en su carrera, el cineasta se movía por sensaciones) de Tarr: el director se presentó en casa del novelista con la propuesta de adaptar su Tango satánico. Ocurrió, recordaba hace poco el ya Nobel de Literatura, en un día oscuro en Budapest, a finales de los años ochenta en la Hungría comunista. Aún no se conocían. Krasznahorkai rechazó la oferta. Es más, le dijo incluso que no volvería a escribir y cerró la puerta. Béla Tarr rodeó el edificio, se fijó en una ventana con la luz encendida y golpeó con los nudillos el cristal. Krasznahorkai se estaba lavando la cara en el baño. Abrió y contempló la cara de Tarr bajo la lluvia. “Ve mis películas y entenderás por qué quiero adaptar tu literatura”, le dijo el cineasta. Y así empezaron a crear. Antes llegó La condena (1988), y después, por fin, crearon Sátántangó (1994), que se basaba en aquella propuesta inicial de adaptar Tango satánico (1985).La ballena al final de ‘Las armonías de Werckmeister’.La siguiente colaboración entre cineasta y escritor fue Las armonías de Werckmeister (2000), basada en la novela Melancolía de la resistencia (1989). En El hombre de Londres (2007), basada en una novela de Georges Simenon, Krasznahorkai escribió el guion con Tarr, aportando su tono filosófico característico. Ambos se complementaron en ritmo y estructura. La trama sigue a Maloin, trabajador ferroviario que recupera un maletín con una importante cantidad de dinero en la escena de un asesinato del que es el único testigo.El caballo de Turín, de 2011 y considerado ya entonces como su testamento fílmico, ofrece otro ejemplo del cine de Tarr: apenas proponía a tres personajes, incluido el animal del título, y mostraba la vida cotidiana de un campesino inválido de un brazo y su hija, con tan pocas concesiones al público como para dedicar una secuencia de 10 minutos a cómo ambos pelaban patatas en silencio. Precisamente por eso, sin embargo, se ganó el estatus de cineasta de culto, además de obtener el Oso de plata del festival de Berlín. Una imagen de ‘El caballo de Turín’, de Béla Tarr.

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